En la columna de ayer hablé de Roberto (Arenas Hernández). Les platiqué que apenas cabe en la camiseta verde de la Selección Nacional, pero que la viste con mucho orgullo los fines de semana.
Los Arenas son de Michoacán y los Hernández de Guanajuato. Pero él nació en la Ciudad de México, aunque lo llevaron a vivir a Ecatepec desde los cuatro meses. Quedó huérfano de padre a los siete y su mamá, doña Isabel, tuvo que sacarlo adelante a él, y a sus dos hermanas.
Trabajaba de “muchacha, lavando ajeno” y regresaba cuando ya le había dado de cenar Roberto a sus “carnalas”. Desde ahí le tomó afición a la cocina. Presume que prepara los frijoles con epazote “más fregones de los States”.
Cuando tenía 15 años, la situación ya era insostenible y su mamá lo mandó con su tío Guadalupe, cerca de Sacramento. Solito, con 500 pesos en la bolsa, viajó en camión hasta Tijuana. Contactó a don Bulmaro que lo cruzó en un camión. Lo dejaron en medio del campo. No sabe todavía cómo dio con el hermano de su mamá.
Hoy tiene 41. Lleva trabajando, sin papeles, 26 años, y mantiene a su jefa, solamente a una hermana (madre soltera, y a un sobrino, Miguel Braydel); porque la otra ya se casó. No pudo ir a la boda de María del Rocío. Sabe que si sale de California no lo dejarán entrar. “Sigo espantado del viaje que hice para llegar acá; además, con Trump, las cosas están más difíciles”.
Manda dinero cada 15 días, y orgulloso asegura que su mamá está mejor que nunca, porque él ya la hizo acá. Todos los días, tres o cuatro veces, se comunica por videoconferencia con su familia en Ecatepec. Presume que tiene mejor relación con los suyos que otros compañeros de trabajo.
Habla muy bien inglés, y paga 900 dólares por el cuarto. “Es una ganga. En San Francisco, vivir por menos de mil, es un regalo”. Tiene un tercio del refrigerador, pero le cobra a sus dos roomies 200 dólares al mes, por hacerles de comer, pero ellos pagan todos los ingredientes. Dice que se chupan los dedos y los tiene muy contentos.
Roberto extraña a su mamá y a sus hermanas. Su vida se construyó en los Estados Unidos y me confiesa que le da pena relacionarse con las “chavas”, aunque ya quiere tener su propia familia.
Le dolerá cuando se case, porque no podrá invitarlas -no tienen visa-, ya lo intentaron y se las negaron. Pero está confiado que mandará buenas fotos, porque ya tiene un teléfono que las saca re bien.
Roberto, en San Francisco, genera lo suficiente (19 dólares la hora) para tener comida siempre en su casa de Ecatepec. El mexiquense, que apenas cabe en la camiseta de la Selección, dice que es bendecido porque su mamá -mientras se iba a trabajar-, “se hizo de responsabilidad” para cuidar a sus hermanas, y de ahí aprendió que tenía que salir adelante solo.
Como decíamos ayer, la bahía es casi el paraíso para Roberto, aunque sería completo si estuvieran todos los Arenas juntos.
@GustavoRenteria
gustavo@gusartelecom.com.mx
COLOFÓN:
*Lamentamos el fallecimiento de doña Beda Jaramillo, mamá del diputado local Javier Cruz Jaramillo.
*Le mandamos un abrazo al oriundo de Valle de Bravo y representante del Distrito X.
*Esta entrega es la centésima para nuestro diario mexiquense; un esfuerzo fabuloso de El Heraldo de México.